
Sobrevivir a un infarto
En abril pasado, Patricia Agurto llegó grave al Servicio de Urgencia de Clínica Alemana. Su testimonio es una oportunidad para tomar conciencia sobre los factores de riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Mientras Patricia Agurto está sentada en la bicicleta pedaleando, una telemetría inalámbrica registra la actividad eléctrica de su corazón y la transmite a un monitor. Ella está en el gimnasio del Servicio de Kinesiterapia de Clínica Alemana cumpliendo con su rutina semanal de ejercicios del Programa de Rehabilitación Cardiovascular, al que asiste desde que en abril pasado sufriera un infarto.
“Nos ceñimos a las normas internacionales de la Asociación Americana de Rehabilitación Cardiovascular. Mientras ella está haciendo ejercicio, estamos viendo cómo responde su corazón, sobre todo en esta primera fase donde está más vulnerable de hacer una arritmia, ya que no ha pasado el periodo de cicatrización del infarto”, explica Beatriz Gárate, enfermera coordinadora del Programa.
Patricia llegó al Servicio de Urgencia de Clínica Alemana un martes, con un fuerte dolor en el pecho que se le irradiaba hasta el brazo. “Me hicieron pasar de inmediato. Todo fue súper rápido. Mientras un cardiólogo me atendía, me realizaban un electrocardiograma. Ahí se dieron cuenta de que venía infartada y me trasladaron a la UCI Coronaria para estabilizarme, donde me atendieron los doctores Polentzi Uriarte y Mauricio Fernández, quienes me explicaron que tenían que hacerme una angioplastía. No recuerdo mucho qué vino después, pero me contaron que perdí el pulso 20 segundos y tuvieron que hacerme masaje cardiaco. Estuve muy mal”.
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¿QUÉ ES UNA ANGIOPLASTÍA?
Es un procedimiento mínimamente invasivo que se efectúa para restaurar el flujo de las arterias coronarias cuando se estrechan. Consiste en la introducción de un catéter con un balón en la punta, el que se infla en el sitio afectado. La acción mecánica produce que la lesión responsable se aplane contra la pared de la arteria, lo que permite que se restablezca la circulación sanguínea. Esta maniobra suele completarse con la colocación de una malla de acero circular (stent) que ayuda a evitar el colapso posterior de las paredes del vaso.
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¿Y cómo se siente ahora?
Súper bien, no he tenido ningún problema. La verdad es que después de lo que me pasó estuve muy deprimida y si no me hubiesen obligado a venir a esta terapia no lo hubiese hecho. Ha sido muy bueno. Nunca pensé que iba a llegar al estado en que estoy ahora. Me siento vital, con mucho ánimo, llena de energía, con ganas de hacer cosas. Me encanta venir. Si pudiese hacerlo todos los días, sería ideal.
¿Qué factores fueron los que desencadenaron el infarto?
Principalmente, el estrés. Como corredora de propiedades trabajaba de lunes a domingo, sin ningún día de descanso. Especialmente los fines de semana, que no tenía tiempo ni para almorzar. Además, me levantaba y lo primero que hacía era tomar un café y fumar un cigarrillo, a lo que hay que sumar que tenía el colesterol alto y no cuidaba mi alimentación, porque comía de todo, incluso frituras.
¿Practicaba alguna actividad física?
No, no tenía tiempo para nada, la única gimnasia que practicaba era correr de allá para acá todo el día.
Después de esta experiencia, ¿cambió su vida?
Sí, mucho. De partida, ya no estoy fumando. Llegué a la clínica el 19 de abril y me pusieron un parche para no fumar y de ahí nunca más. Ahora me alimento mejor, como muchas verduras, frutas y legumbres, y muy poca carne. Además, tengo la ayuda de la clínica... Cualquier molestia o duda le pregunto a la enfermera coordinadora cuando vengo a rehabilitación. Ahora estoy tranquila. Esto es muy importante, es un tiempo que me tomo para mí. Después de las 24 sesiones me gustaría seguir viniendo, porque si entro a cualquier otro gimnasio no voy a estar tranquila como acá, donde sé que me están controlando la presión, el pulso, el oxígeno... me da mucha tranquilidad, estar monitoreada durante toda la sesión, tener los médicos aquí mismo. |