Edad: La fertilidad disminuye con la edad. A partir
de los 35 años se reducen las probabilidades
de embarazo. Desde los 40 años este fenómeno
es más pronunciado. Esta caída de la
fertilidad se debe a la calidad de los óvulos,
ya que hay mayor proporción de trastornos cromosómicos
en ellos.
Peso: Tanto un exceso como un déficit de grasa corporal
de un 10 a 15% de lo normal pueden alterar los niveles
plasmáticos de estrógenos, interfiriendo
con el ciclo reproductivo.
Están en riesgo especialmente las afectadas
por trastornos alimentarios, deficiencias alimentarias,
vegetarianas estrictas que carezcan de ciertos nutrientes
y deportistas de alto rendimiento, como maratonistas
y bailarinas.
Tabaco: Un estudio inglés
demostró que las parejas fumadoras tienen menor
probabilidad de embarazo después de cinco años
de intento respecto de las no fumadoras. La evidencia
científica revela que el tabaco altera la ovulación
y la fecundación, la función tubaria,
los niveles hormonales, la implantación, aumentando
también el riesgo de inflamaciones pélvicas,
ya que disminuye las defensas.
Finalmente, se cree que podría incrementar
el riesgo de embarazos ectópicos (anidación
de un embrión en la trompa de Falopio) y aborto
espontáneo.
Drogas y alcohol: El alcoholismo
se asocia con una disfunción de los ovarios
que resulta en anovulación, amenorrea, trastornos
de la fase lútea e hiperprolactinemia.
Factores
ambientales: Una exposición importante
a químicos, especialmente los que tienen efectos
similares a los estrógenos, y las ondas electromagnéticas
se asocian a infertilidad.
Depresión y estrés: Los
trastornos emocionales pueden alterar los niveles hormonales
y afectar la ovulación.
Uso de hormonas: Pueden afectar el
funcionamiento ovárico normal. La progesterona
inyectable puede demorar un año en ser eliminada
del organismo, lo que dificulta y retrasa un embarazo.
Enfermedades
infecciosas pélvicas: Constituye un
grupo etiológico importante en la pareja infértil
e incluye a las enfermedades venéreas (clamidia
y gonorrea), la tuberculosis pélvica, apendicitis
aguda y el aborto séptico.
Radio
y quimioterapia: Dependiendo de la dosis y
edad en que se hayan practicado, pueden interferir en
la fertilidad.
Criptorquidia o testículo no
descendido: Lo normal es que al año
de edad el testículo, que se encuentra a la altura
del riñón, baje al escroto. Sin embargo,
hay casos en donde este descenso no se produce, lo que
puede asociarse a infertilidad en la adultez. Su tratamiento
puede ser médico o quirúrgico.
Disgenesia gonadales: Trastornos del
desarrollo gonadal secundario a desórdenes genéticos.
Infecciones genitales: Pueden provocar
inflamación y posterior obstrucción del
trayecto espermático.
Torsión testicular: Hay casos
en los que los testículos suben y bajan hacia
el escroto, pudiendo en este trayecto torcerse afectando
su irrigación, lo que puede dañar permanentemente
las células espermáticas. Su tratamiento
es quirúrgico.
Traumatismo testicular: El traumatismo directo
puede afectar la barrera hematotesticular y genera anticuerpos
contra las células germinales. La mayor cantidad
de casos se produce por agresión o por deportes.
Quimio y radioterapia: Estos procedimientos
también afectan directamente a la gónada,
dañando la producción de espermatozoides.
Calor: Los testículos deben estar a
una temperatura 2º C menor a la corporal. Si ésta
aumenta disminuye la producción de espermios.
Tóxicos: Está comprobado que
la influencia de sustancias como el tabaco, alcohol
y drogas pueden afectar la fertilidad masculina, ya
que alteran la producción y calidad espermática.
Edad: La fertilidad de los hombres disminuye
con la edad, aunque más tardíamente que
en la mujer.
Estrés: Al igual como ocurre en las mujeres, los trastornos emocionales
se asocian a una disminución de la capacidad reproductiva
en el hombre.