Infecciones: Pueden ser de la próstata –prostatitis-,
del epidídimo –epididimitis- o al testículo
–orquitis-. La más común es la
orquitis urliana, que se produce en un 30 a 40% de
los casos de parotiditis o paperas. En un tercio de
ellos el compromiso es bilateral, de ese grupo sólo
el 10% puede presentar esterilidad. Las enfermedades
de transmisión sexual, también pueden
afectar la fertilidad de la pareja.
Azoospermia: Es la ausencia total de espermatozoides en el semen.
Si ésta es adquirida por una disfunción
en la estimulación del testículo, la
producción de espermatozoides se puede recuperar
mediante un tratamiento hormonal. Pero si es congénita
o por destrucción de la gónada, sólo
se puede optar por la fecundación asistida
para lograr un embarazo.
Oligospermia: Poca cantidad
de espermatozoides en el líquido seminal.
Teratozoospermia: Células
masculinas que presentan formas anormales o inmaduras.
Según sea el grado del trastorno, habrá
posibilidad o no de fertilidad, tanto de forma natural
como mediante reproducción asistida. Puede
darse el embarazo natural aunque haya niveles bajos
de formas normales, siempre y cuando el resto de las
características de los espermatozoides sean
estándares.
Factor
inmunológico: Ocasionalmente, pueden
estar presentes en el hombre anticuerpos anti-espermáticos
que no permiten que pueda ocurrir la fertilización.
Síndrome de inmovilidad ciliar: En esta condición el recuento de esperma es normal,
pero los espermatozoides no tienen movilidad, por lo
que no pueden desplazarse por el cuello del útero
para encontrarse con el óvulo en la trompa de
Falopio.
Anomalías anatómicas: Las obstrucciones del tracto genital pueden causar infertilidad
al bloquear parcial o totalmente el flujo del líquido
seminal. Algunas de estas anomalías pueden ser
de origen congénito. Otras podrían ocurrir
debido a una infección o inflamación del
tracto urogenital o una cirugía que dejó
una cicatriz en el tracto genital.
Disfunción eréctil: Al no haber
erección se dificulta la obtención seminal.
Este problema se puede tratar con medicamentos, prótesis,
inyecciones o tratamientos psicológicos.
Obstrucción de las trompas de Falopio: Es una de las causas más frecuentes de infertilidad
en la mujer, la que habitualmente es ocasionada por
una enfermedad inflamatoria pelviana. La mayor parte
de las mujeres que tienen obstruidas sus trompas -a
consecuencia de esta inflamación-, no saben
que padecen la enfermedad, ya que ésta puede
no manifestarse con síntomas. La obstrucción
impide que el óvulo sea fecundado o que una
vez fecundado efectúe su trayecto normal hacia
el útero pudiendo implantarse en la trompa,
situación conocida como embarazo
ectópico.
Endometriosis: Responsable de entre el 5
y 15% de los casos de infertilidad femenina, la endometriosis
es una patología que se produce cuando el endometrio
-tejido que reviste internamente el útero y
que se expulsa durante la menstruación- crece
fuera de él. Esta implantación anómala
afecta por lo general a los ovarios y las trompas
de Falopio, aunque a veces puede aparecer en otros
lugares, como la vejiga, el recto y el tabique recto-vaginal.
El tejido endometrial va produciendo pequeños
quistes, que siguen respondiendo al estímulo
hormonal tal como si estuvieran en el útero,
lo que explica las fuertes molestias que pueden producirse
durante el periodo menstrual. La infertilidad asociada
a la endometriosis se produce cuando la enfermedad
distorsiona la anatomía normal, los quistes
que crecen alrededor del ovario impiden la liberación
del óvulo o se presentan efectos inflamatorios
que afectan los gametos.
Desórdenes hormonales: Alrededor de
un 33% de los casos de infertilidad se debe a trastornos
en la ovulación. La principal causa de esto
son las alteraciones en el eje hipotálamo hipofisiario
-parte del cerebro encargada de regular este proceso,
a través de las hormonas luteinizante (LH)
y folículo estimulante (FSH)-. Puede deberse
a un daño directo al hipotálamo o la
glándula pituitaria, condiciones médicas
que desregulen su funcionamiento (problemas al riñón
o tumores pituitarios), un exceso de ejercicio, un
cuadro de anorexia nerviosa, etc.
Síndrome de Ovario Poliquístico: Alteración endocrina que se produce en las
mujeres en edad reproductiva y que constituye una
causa frecuente de infertilidad. Su manifestación
involucra una serie de aspectos, como ciclos anovulatorios,
hiperandrogenismo -con aumento de la vellosidad y
acné-, resistencia a la insulina y sobrepeso.
Debido a que los niveles de testosterona (hormona
masculina) se encuentran elevados, el ovario no logra
hacer madurar los folículos, los que terminan
enquistándose y produciendo un engrosamiento
de la pared ovárica. Al no haber ovulación,
no se produce progesterona y los niveles de estrógenos
permanecen constantes.
Menopausia precoz: Ocurre cuando una mujer
experimenta el cese de su función ovárica
y menstruaciones antes de los 40 años. Entre
las causas que la originan pueden mencionarse la disminución
en los niveles de determinados factores de crecimiento
en los ovarios, tratamientos de radioterapia o quimioterapia,
cirugía ovárica, enfermedades autoinmunes
(como el lupus, diabetes insulino-dependiente, hipotiroidismo
y problemas adrenales), el tabaquismo y los motivos
desconocidos.
Hiperprolactinemia: La prolactina es la hormona
encargada de estimular la producción de leche
materna. Si en mujeres que no están embarazadas
o amamantando se encuentran elevados sus niveles, pueden
producirse alteraciones en la ovulación.
Miomas uterinos: Tumores benignos que se ubican
en las paredes del útero, y que pueden bloquear
las trompas de Falopio, alterar la forma de la cavidad
uterina, interferir en la llegada de los espermios al
útero o afectar la implantación embrionaria.
Adhesiones pélvicas: Las infecciones
y la realización de cirugías pélvicas
pueden ocasionar la aparición de tejido cicatrizal.
Es posible que éste altere la relación
entre el ovario y las trompas de Falopio, impidiendo
la captura del óvulo por parte de la trompa.
Enfermedades infecciosas: Existen múltiples
infecciones que pueden afectar el tracto genital femenino
y consecuentemente, la fertilidad. Entre los gérmenes
más conocidos destacan la ChlamydiaTrachomatis, el gonococo, y otros gérmenes
específicos. En la mujer, la infección
comienza en el cuello del útero (cervicitis mucopurulenta)
y posteriormente asciende, afectando el útero
y las trompas de Falopio. Es fundamental el diagnóstico
y tratamiento precoz de la enfermedad para prevenir
las secuelas de infertilidad, dolor pelviano crónico
y embarazo ectópico.
Problemas
inmunológicos: El semen puede tener sustancias
que resulten extrañas para la mujer, lo que lleva
a que se produzcan anticuerpos que destruyen a los espermatozoides.
Algunas enfermedades sistémicas, como la diabetes,
disfunción renal y tiroidea, anorexia nerviosa,
alteraciones hepáticas, hemocromatosis y trombosis
vascular, también pueden afectar la fertilidad
de la mujer.