La historia de esta adolescente tuvo un vuelco cuando fue atropellada en diciembre de 2006. Un testimonio que conmueve por su fortaleza interior y su espíritu positivo.
Difícilmente, Camila Cifuentes (19 años) olvidará el 8 de diciembre de 2006. Ella iba en bicicleta, con casco, a la casa de sus abuelos paternos a almorzar. Allí estaban además unos primos... la tarde era perfecta. Recién había egresado de IV Medio y en unos días más rendiría la PSU.
Transitaba por avenida Manquehue en dirección al norte. Eran las dos y media, cuando al llegar a Isabel la Católica fue violentamente atropellada.
Así lo recuerda:
- Era un día feriado, la calle estaba súper tranquila, cuando de repente empiezo a escuchar ruidos y veo que un auto que viajaba hacia el sur atraviesa el bandejón central y me atropella. Traté de doblar, pero igual me agarró todo el lado izquierdo. Reboté en el vidrio, lo quebré y después salté más de 25 metros. El auto era robado y al chofer lo venían siguiendo. Como le quebré el parabrisa, el conductor se bajó y salió arrancando. Pero justo al frente hay un supermercado y los guardias lo salieron persiguiendo, mientras otros se quedaron conmigo y llamaron a la ambulancia. También llegó mi hermano que venía más atrás en bicicleta. Yo estaba despierta, consciente, súper alerta, dándole todos los datos a las personas.
- ¿Te dolía algo?
- Todo, el dolor era intenso, estaba en shock. Tenía todos los huesos fracturados, pero el mayor dolor lo sentía en el hombro porque me fracturé la clavícula y la escápula, y en la cadera, que se me hizo pebre. También me quebré la mano, el radio y el cúbito, y tuve esguinces en los pies. El fémur subió y rompió todo a su paso, la cresta iliaca y el nervio ciático, la consecuencia es que tengo problemas de manejo del pie y la pierna izquierda, hay partes que tengo insensibles, que no puedo mover, eso fue lo más grave.
“Me encuentro demasiado afortunada por haber quedado bien después del accidente, y más encima tuve la posibilidad de que me trajeran a la Clínica Alemana, quizás en otro lado no habría sobrevivido, ni vuelto a caminar”.
“AQUÍ YO TAMBIÉN ME LA TENGO QUE JUGAR”
Camila fue trasladada al Servicio de Urgencia de Clínica Alemana. A las seis de la tarde ingresó a pabellón, donde la operó un equipo de traumatólogos encabezado por el Dr. Claudio Mella, para recomponer sus huesos, cirugía que duró más de diez horas. Quedó hospitalizada en la UCI, donde permaneció 12 días, intubada, con respirador mécanico, inconsciente. Pero eso era sólo la primera parte. Cuando despertó fue trasladada a una habitación y debió permanecer un mes más internada.
- A mi casa me fui en camilla, ni siquiera en silla de ruedas y estuve en cama tres semanas más. Ahí recién me empezaron a levantar con ayuda de kinesiólogos. Después anduve como un mes en silla de ruedas. A principios de abril me pude parar por primera vez, pero no pude caminar. En realidad, me habían dicho que ni siquiera me podían confirmar la posibilidad de que volviese a hacerlo. Estaba preparada para estar dos años en silla de ruedas, y pasaron menos de cuatro meses y estaba caminando con muletas, pero caminando. Quizás la única frustración fue cuando en mayo me tuvieron que operar de nuevo para colocarme una prótesis de cadera, y estuve dos semanas más hospitalizada.
- ¿Qué te dejó esta experiencia?
- Muchas cosas. De partida, que hay que andar en bicicleta con casco, porque a mí me salvó la vida. Y que hay que tener Convenio de Accidentes, porque al final pagamos poco... era mucha plata.
- ¿Volverás a andar en bicicleta?
- Ya lo estoy haciendo, porque no es que me haya atropellado un auto cualquiera o que yo me pasé una luz roja, fue una situación súper insólita. Para mí andar en bicicleta es algo súper vital, me hace bien, siento que también le hace bien a Santiago, así que no por una situación tan aleatoria voy a dejar de hacer algo que me gusta tanto...
Cuando pasan estas cosas uno tiene dos posibilidades: o te lo tomas bien o mal, y yo me lo tomé bien, todo el rato estaba pensando “qué suerte que viví”. Mis amigos me decían que cómo era tan valiente y me tomaba las cosas así. Pero hay que vivir esta experiencia, es una cuestión que muy interiormente uno decide, me estaban ayudando tanto todos los que me rodeaban, mi familia, mis amigos, todos súper puestos... que sentí que yo también me la tenía que jugar. Me siento súper afortunada: claro, me atropellaron, me dolió, pero tengo todas mis extremidades y voy a caminar como antes.
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