CEDICA:Centro de Diabetes Infantil Clínica Alemana
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8.- GÚIA PARA PADRES

 

No cabe duda de que es una situación muy difícil que a uno de nuestros hijos le diagnostiquen diabetes, ya que ésta es una condición crónica, cuya cura todavía no está tan cercana como se desearía.

Puede que sienta que el futuro de su hijo se vuelve incierto y, además del tratamiento con insulina, le preocupe la posibilidad de complicaciones a futuro. Todos estos pensamientos, sentimientos y preocupaciones pueden rondar por su cabeza y, aunque son desagradables, representan una respuesta emocional normal y esperada para la situación.

Y es que cuando un hijo experimenta cualquier problema, esto supone un factor de estrés y preocupación para toda la familia, especialmente al principio.

Esta situación irá disminuyendo en la medida en que los padres vayan aprendiendo sobre la enfermedad y cómo controlarla. Para ello, existe un equipo de profesionales especializados en el tema, que podrán dar información y prestar la ayuda necesaria para encontrar "una salida".

En ocasiones, el diagnóstico de diabetes puede significar una oportunidad para la familia de establecer nuevas relaciones, en las cuales todos los miembros aprenden a cuidarse unos a otros. Una gran enseñanza que los papás pueden transmitir a sus hijos es aprender a disfrutar la vida.

Si los padres con hijos diabéticos se relacionan entre ellos observarán que existen muchos caminos diferentes por los cuales se pueden llegar a salvar todos los inconvenientes. La familia se puede adaptar a la diabetes de tal manera, que sea parte de ella, y puede comprender que el hijo se desarrollará como cualquiera de sus hermanos o compañeros de la misma edad.

Un niño con diabetes tiene que mantener ciertas normas, aprender de autocontrol y de glicemias. Además, es posible que sus compañeros tengan que adaptarse y aprender a respetarlo. Sin embargo, si el menor es obligado a tener un comportamiento distinto, como consecuencia de la ansiedad de sus padres, puede verse afectado su normal desarrollo social y emocional.

Es también bueno permitir al niño participar en actividades que antes se consideraban "prohibidas", como asistir a una fiesta o a un cumpleaños, y comer como el resto de los niños (por supuesto, guardando los cuidados que se han ido aprendiendo).

El control de la diabetes es muy importante, pero nunca lo será más que el mismo niño: no se debe permitir que la diabetes sea el eje fundamental de la relación con el niño, porque esto impide verlo como realmente es, con sus virtudes y defectos, haciendo además muy difícil que desarrolle un sentido de quién es y quién quiere llegar a ser.

La mejor forma de facilitar el desarrollo es cuando se intenta alcanzar “la próxima etapa de desarrollo”: Esto significa que se tienen que presentar a los niños tareas que en ese momento no pueden realizar, pero que se espera que en poco espacio de tiempo pueda alcanzar. Los padres de un niño con diabetes deben esperar que su hijo vaya superando pruebas cada vez más difíciles, pero apropiadas a la edad.

Es importante saber que la diabetes va a ir presentando nuevos problemas en cada edad y en cada etapa del desarrollo, esto va a depender de múltiples factores: la edad, características de personalidad, el apoyo familiar, el grupo de pares, el equipo de salud que lo apoya, entre otros.

Hay que intentar aceptar al hijo como es, con sus virtudes y debilidades y no poner demasiado énfasis en la diabetes.

Es una buena idea mostrar al hijo que puede hacer lo que otros niños hacen, siempre que respete ciertas reglas del tratamiento.

Se debe intentar premiar sus logros más que mostrar sus errores, si es posible premiar los esfuerzos con algo que para él sea de interés.

Hay que intentar que las reglas del tratamiento sean lo más claras y sencillas posibles.

Se debe escuchar lo que el niño cuente sobre su diabetes, en especial hay que tratar de acogerlo cuando se sienta enojado o triste por las restricciones que debe hacer diariamente. Estos sentimientos son normales y son psicológicamente una reacción sana ante su situación.

Hay que dejar que el menor participe en tantas actividades como pueda y tratar de escucharlo respecto a sus preferencias y no conducirlo a restricciones innecesarias a causa de su diabetes.

Puede ser útil conocer a otros padres de niños diabéticos, sobre todo al comienzo, porque ellos permitirán intercambiar ideas. Además, en esa instancia se puede encontrar personas dispuestas a ayudar.

Hay que intentar confiar en el niño, para que desarrolle sus propias soluciones.

Es bueno asegurarse de que el menor sepa cómo evitar los extremos metabólicos y cómo pedir ayuda en caso de emergencia.

El mejor tratamiento será siempre un equilibrio entre el control de la diabetes y las necesidades del menor.

Fomentar un desarrollo psicológico sano.

Limitarse a unas pocas reglas claras de tratamiento, permitiendo excepciones en alguna ocasión.

Ayudarle a evitar extremos en los niveles de azúcar.

Ayudarle a llevar su tratamiento tan pronto y gradualmente como sea posible.

Compartir el estrés de la diabetes en la familia, apoyándose unos a otros.

Comentar los problemas de la diabetes con el niño de vez en cuando, pero no con excesiva frecuencia.