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Historia de un bebe: Marielle Esther Novais Vásquez
Después de un largo camino recorrido en busca de un hijo, en junio del año 2005 recibimos la mejor de las bendiciones que Dios nos pudo haber enviado: quedé embarazada. Los primeros meses fueron espléndidos, sin molestia alguna, nuestro sueño de tener un hijo se concretaba, por eso nunca imaginamos todo lo que tendríamos que vivir posteriormente.
A las 20 semanas de embarazo, la indicación médica fue reposo absoluto, el cual se mantuvo hasta el día del nacimiento, ya que según el diagnóstico podía verse comprometido el desarrollo normal del bebé, pudiéndolo llevar incluso a un desenlace fatal o a que tuviese alguna alteración cromosómica.
Luego de una cesárea programada, Marielle nació a las treinta semanas, el 26 de diciembre de 2005, con un peso de 596 gr. y una talla de 30 cm.
A su prematurez se sumó otra complicación: una infección originada por la perforación del intestino, lo que hizo necesario someterla a una operación de urgencia.
Los días del postoperatorio fueron difíciles por la naturaleza de la cirugía y sus complicaciones. Tuvimos que esperar los resultados de los controles diarios de las funciones cardiacas, renales y sanguíneas.
Además, la persistencia de la permeabilidad del ductus arterial complicaba aún más su estado de salud, trayendo como consecuencia una futura operación para el cierre del ductus, el que milagrosamente en forma natural se cerró, sin necesidad de cirugía alguna.
A medida que los hechos transcurren, siempre hemos estado conscientes de la gravedad de la situación y las posibles consecuencias, aceptando estoicamente lo que nos ha tocado vivir. Sabemos que el equipo médico -compuesto por doctores, matronas, enfermeras y auxiliares- también participaban con nuestro dolor, colocando con mayor ahínco sus conocimientos para estabilizar a nuestra hija y mejorar su estado de salud.
Marielle nos ha enseñado desde antes de nacer, entre otras cosas, el valor de la lucha diaria por la vida y que la fe aún en los momentos más adversos se debe mantener, que la oración sana el cuerpo y mejora el alma y que juntos como familia podemos lograr vencer las pruebas que la vida nos presenta.
Por: Lyde de Novais y Wladir Novais
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