*En este mes que se celebra el Día de la Madre entrevistamos a una mujer que ha demostrado vocación a toda prueba. Sus diez hijos nacieron en Clínica Alemana.
Son varias las rutinas que tienen establecidas los Valdés-Donoso. Los días pares, por ejemplo, son las niñitas las que recogen la mesa y los impares los niños. No podría ser de otra forma, puesto que esta familia está integrada por diez hijos, cinco mujeres y cinco hombres, de entre 5 y 20 años.
Constanza confiesa que siempre pensaron con su marido que iban a tener varios hijos, aunque jamás se les pasó por la mente llegar a 10. “A los dos nos gustan los niños, él tiene ocho hermanos, y aunque yo no tenía idea lo que era tener una familia grande, quería tener varios hijos. Nunca pensamos cuántos, nunca tuvimos un número... y la verdad es que fueron llegando y a todos los recibimos felices”.
Los integrantes de esta gran familia nacieron en Clínica Alemana, siete de manos del ginecólogo-obstetra Carlos Gómez Roger, mientras que los últimos tres del Dr. Carlos Gómez Lira.
-Al primero lo escogí porque mi suegra se había atendido con él. Yo no tenía médico y entonces ella me sugirió que lo fuera a ver. Me pareció genial tener a mis hijos con quien había traído al mundo a mi marido.
-¿Qué ha significado para usted ser madre?
-Ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, el mejor regalo que Dios me ha dado es haber podido ser madre, porque no es algo que uno tenga garantizado por ser mujer. Poder educar y acompañar a mis niños en su crecimiento es una de las cosas más gratificantes que he vivido.
-¿Cómo vivió sus embarazos?
-Es divertido porque me cargaba estar embarazada... nadie lo creería. No me sentía tan mal, era por el hecho de que soy bien deportista y, entonces, había algunas actividades que no podía practicar, y al final el embarazo se me hacía tan pesado, siempre con tantos niños. Pero me encantaba tenerlos, después del parto me olvidaba de todo por lo que había pasado. Las guaguas me producen una ternura inmensa.
Sobre esto último no cabe ninguna duda. Ser madre para Constanza es una vocación. La prueba es que todas las tardes de los lunes cuida guaguas en una de las sedes de la Fundación San José.
-¿Qué rol ha jugado su ginecólogo en los embarazos?
-Ha sido clave, una relación de mucha confianza. De hecho, haber tenido mellizos (el quinto y el sexto, un hombre y una mujer) por parto natural cuando la mayoría nace por cesárea, se lo debo a él, por la experiencia que tenía. Por otro lado, la matrona siempre fue la misma, Cristina Clark, una súper compañera, casi mamá, que estuvo siempre
a mi lado.
-¿Qué satisfacciones le ha traído tener una familia tan numerosa?
-Qué más que sentirse querida, necesitada y amada por los niños... Todo ser humano busca el amor y eso yo lo tengo en abundancia, no necesito nada más.
-¿Es muy agotador tener tantos hijos?
-Hay distintas etapas. Cuando son más chicos es cansador físicamente, uno está todo el día detrás de ellos. Hay que darles de comer, lavarlos, vestirlos y cuando están enfermos uno duerme mal. Hoy día es más cansador sicológicamente, ya que se debe estar pendiente de los mayores. Pero no creo que sea mucho más agotador que para alguien que tiene cuatro o cinco niños.
-¿Y su marido, ayuda?
-Ayuda harto. Nunca mudó a nadie, pero los lleva el fin de semana a atletismo, básquetbol, vóleibol y fútbol, porque mis hijos son súper deportistas. También los va a buscar en las noches a muchas fiestas, les ayuda con los estudios, siempre está disponible. Me siento apoyada ciento por ciento por él, sé que está ahí. Federico es muy paternal, para él no hay nada más importante que sus hijos.
-¿Alcanza el tiempo para todos?
-Hay que ir viendo las necesidades de cada uno, cuando son chicos es más fácil, los abrazas, les das besos y les demuestras permanentemente cariño. Y cuando son grandes sales de repente a tomar un helado, los acompañas a comprarse ropa, hablas de un libro que estás leyendo, es otra forma de acompañarlos. Yo creo que lo más importante es saber qué es lo que más les gusta a cada uno, para llegar a través de eso a ellos.
-¿Qué cosas positivas han incorporado a sus vidas los niños por el hecho de tener una familia tan numerosa?
-Son niños muy generosos, que saben compartir, que aprenden a vivir con la diversidad: el ordenado tiene que convivir con el desordenado, el más tranquilo con el ruidoso, esos son las mayores ventajas de tener una familia grande.
¿Por qué tuvo a todos sus hijos en Clínica Alemana?
Primero, porque mis médicos eran de ahí. También porque siempre he recibido una excelente atención, muy cálida y humana. Si bien nunca tuve la preocupación de que pudiesen venir enfermos, la clínica me daba plena seguridad en caso de una emergencia.
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