
El niño comienza a gatear y si aún no lo logra se arrastra con gran rapidez. Se pone de pie por sus propios medios apoyándose de una silla. También realiza movimientos coordinados de marcha al tomársele de los brazos y apoyarle los pies en los de alguien.
Poco a poco comienza a utilizar los dedos como pinza para coger cosas pequeñas e intenta buscar objetos escondidos. Ya sabe qué juguetes son suyos y manifiesta abiertamente su desagrado cuando se los quitan.
La exploración continúa; todo lo toca y se lo mete a la boca, éstas son sus formas de conocer. Reacciona claramente al oír su nombre, hablarle del papá o de la comida.


Aunque crezcan, siempre necesitan a la mamá

A pesar de que ya tiene más movilidad le encanta estar en brazos y para que no pase en los de la mamá es importante que varios adultos le den seguridad.
El niño requiere de espacio para
gatear, no sólo físico,
sino que también
sicológico ya que en esta etapa empieza a desarrollar su
autoconfianza, por lo que necesita que los padres lo apoyen, le
den confianza y celebren sus logros.
Le gustan los juguetes de encajes
con los que aprende a meter y sacar objetos dentro de cajas, y diferencia
formas y colores. Para que realmente aprenda y se entretenga hay
que dejarlo solo, ya que no necesita de adultos que jueguen por
él. Jugar a las escondidas con diversos elementos también
es una forma de estimulación.
Cada niño sigue su ritmo en el desarrollo y quien alcanza primero los logros no es necesariamente el mejor. Sin embargo, cuando un niño de nueve meses NO se sienta con o sin ayuda, NO balbucea, NO reconoce palabras ni siente interés por tomar objetos, se recomienda consultar al pediatra.

Gateo
Esta etapa le otorga más independencia al niño, pero más preocupación a los padres. Fácilmente puede desaparecer de la vista y estar jugando con enchufes, clavos, alfileres... lo que esté a su alcance.
Para evitar accidentes se recomienda utilizar barreras para escaleras, ventanas, piscinas, defensas para estufas y cocinas, y protectores para enchufes.
