Qué pensaría si de pronto todo un lado de su cara se recogiera, y comenzara a sentir su rostro pesado? ¿O si al tocarse, se diera cuenta que ha perdido parte de la sensibilidad en su cara? Seguramente se asustaría. O correría lo más rápido posible hacia un doctor. Porque claramente sentirse paralizado en algún lugar del cuerpo no debe ser ninguna gracia.
Sin embargo este trastorno, conocido como Parálisis de Bell, es más común de lo que se piensa y las personas afectadas generalmente se recuperan en un cien por ciento de los síntomas que provoca este tipo de parálisis. La Doctora Loreto Díaz, fisiatra de Clínica Alemana, explica en detalle de qué se trata esta enfermedad, sus cuidados y los tratamientos disponibles actualmente para los pacientes que quedan con secuelas.
La parálisis de Bell o parálisis facial idiopática es una parálisis o debilidad aguda de los músculos de un lado de la cara, sin causa detectable, de origen desconocido, que afecta tanto a hombres como mujeres especialmente entre los 15 y los 40 años, con una incidencia de 23 por 100.000 personas por año. Generalmente la parálisis facial se instaura en el curso de horas a tres días. Es un diagnóstico de exclusión.
La causa no está clara, se han propuesto factores metabólicos, autoinmunes, isquemia vascular e infecciones virales entre otros, esta última ha ganado popularidad desde que se ha aislado el genoma del virus Herpes Simple 1 en algunos pacientes con esta enfermedad.
La lesión que se produce en el nervio resulta de una combinación de factores, la hipótesis más difundida es que la inflamación del nervio produce una hinchazón o edema de este, el cual al encontrarse en un canal óseo se comprime y lo daña, lo que impide su adecuado funcionamiento.
La parálisis de Bell afecta los músculos que controlan las expresiones faciales, tales como la sonrisa, la mirada de reojo, el parpadeo o el cierre del párpado. El ojo puede llorar al no poder parpadear de forma efectiva.