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Miércoles 20 de junio de 2007

Embarazo y várices: Cómo disminuir el riesgo
Aunque no existe nada que pueda asegurar que no aparecerán durante el embarazo, existen ciertas medidas para evitar un desarrollo progresivo.


Por Mariela Thomas P.
Periodista de Clínica Alemana

Los cambios fisiológicos propios del embarazo son los principales responsables de la aparición de una afección que causa molestias y problemas estéticos en muchas mujeres: las várices.

Estas alteraciones circulatorias afectan principalmente a las venas superficiales de las piernas, vasos sanguíneos encargados de llevar la sangre desde los capilares al corazón.  En el caso de las extremidades inferiores, éstos deben funcionar en contra de la gravedad, porque la sangre tiene que ser transportada hacia arriba. Para ello disponen de un sistema de válvulas que permiten el flujo unidireccional hacia el corazón y, a su vez, impide que se devuelva hacia la periferia. Cuando estas válvulas están alteradas, la sangre se estanca en las venas y se producen las várices, una dilatación que hace que éstas se tornen más gruesas y visibles.

Las principales perjudicadas son las venas que más soportan el peso de la gravedad, es decir, las de las piernas, el recto (hemorroides) y a veces la vulva. Además del efecto desagradable a nivel estético, esta afección produce dolor, picazón, adormecimiento, pesadez, cansancio, calambres y leve hinchazón de los tobillos, entre otras molestias.

El doctor Daniel Pedraza, ginecólogo obstetra de Clínica Alemana, explica que "es importante destacar que, a pesar de las molestias que producen, las várices no constituyen un riesgo para el embarazo ni para la mamá. Por lo tanto, tampoco están relacionadas con complicaciones como trombosis de las venas profundas, sino que sus efectos son más bien a nivel estético y de incomodidad".

El especialista agrega que, aunque su incidencia real en el país no es conocida -dado que generalmente se diagnostican sólo los casos más avanzados-, estudios ingleses afirman que un tercio de las embarazadas presenta várices, en grado variable. "Las primeras pueden aparecer durante el primer embarazo y luego tienden a empeorar con los siguientes, dado que se trata de una condición habitualmente progresiva, de no tomarse las medidas adecuadas", asegura.



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