Por Andrea Ampuero
Periodista de Clínica Alemana
A partir de la madrugada del sábado 27 de febrero hay un antes y un después para Chile. El terremoto que azotó al país dejó cuantiosas pérdidas materiales y humanas. Además, muchos de quienes vivieron la tragedia quedaron con consecuencias psicológicas asociadas fundamentalmente al trauma que les provocó el sismo.
Este tipo de situaciones genera un gran estrés, que deja como secuelas, entre otras cosas, un deficiente descanso, el cual termina perjudicando la calidad de vida.
El doctor Leonardo Serra, neurólogo del Centro de Trastornos del Sueño de Clínica Alemana, explica que la carencia de un buen dormir conduce a una lentitud de pensamiento, con aumento en el número de errores que se cometen, lo cual puede contribuir a tomar malas decisiones y a reaccionar en forma lenta o inapropiada frente a un evento (tanto víctimas como rescatistas y autoridades). Además, contribuye a la irritabilidad y agresividad.
"En momentos de tensión se producen cambios físicos y liberaciones de hormonas, lo que conduce a un sueño más superficial y liviano, de modo que se tiene menos dificultad para despertar en caso de peligro (por ejemplo, una réplica), lo que en estas circunstancias es bueno para la supervivencia, pero a costa de un menor descanso", sostiene.