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Milagro por partida doble

En menos de  tres meses, Germaine Álvarez vivió dos situaciones límite: tuvo un ataque cerebrovascular y fue operada del corazón. Pero lo increíble es que hoy volvió a la universidad, es seleccionada de fútbol, ha viajado y está haciendo una vida absolutamente normal.

“Fue el 23 de marzo de 2007. Eran diez para las siete de la mañana, me desperté, hablé con mi mamá y subí corriendo al segundo piso para ducharme. Tomé algo y se me cayó, y sentí dormido todo el lado derecho del cuerpo. Entonces pensé qué raro, cómo amanecí tan tonta. Y se me volvió a caer, me agaché a recogerlo y caí. Estaba súper consciente, incluso me preocupé de no golpearme la cabeza porque el espacio era pequeño, pero tenía la mitad del cuerpo dormido, y aunque me intentaba agarrar de algo para levantarme, no podía y no me salía la voz.... Ahí llegó mi hermano que se extrañó que estuviese tanto rato en el baño e intentó abrir la puerta, pero no pudo ya que mis pies la tenían trancada. Me empujó hasta flectar las rodillas y se encaramó por arriba del lavamanos para entrar. Tuve la suerte de que otro hermano, que es estudiante de Medicina en la Universidad del Desarrollo, también estaba e inmediatamente me examinó y se dio cuenta de que tenía los ojos súper desorientados y no podía hablar. Entonces gritó, “¡mamá, llama a la ambulancia, ahora!”.
Germaine Álvarez tenía apenas 19 años y estaba en segundo año de Periodismo cuando sufrió un ataque cerebrovascular agudo. Ingresó al Servicio de Urgencia de Clínica Alemana con una trombosis mixta producto de la obstrucción de dos arterias, una en el hemisferio izquierdo del cerebro -que compromete el área del habla y del movimiento- y otra en el cuello.

“Tuve mucha suerte de que estuviesen todos en mi casa a esa hora, y de que se actuara rápido, porque a las ocho de la mañana los doctores Jorge Barahona, Alejandro Brunser y Álvaro Belmar, ya me estaban haciendo la trombolisis en la Clínica Alemana”.

Este procedimiento consiste en la administración por vía intravenosa de un medicamento que rompe o disuelve los coágulos.
Recuerda que cuando despertó en la UCI les dijo a sus padres que los quería mucho y que le dijeran a su pololo que lo amaba, lo que para el equipo de neurólogos era un verdadero milagro.
-Me miraron y me dijeron “estás hablando” y yo les respondí, “obvio, si aprendí cuando chica”, sin saber lo que me había pasado.
El único signo de lo sucedido era la pérdida de memoria, no recordaba nombres o determinadas palabras, pero con la ayuda de una fonoaudióloga que la visitaba diariamente, empezó a recuperar el lenguaje.
De las pocas cosas que recuerda,
una anécdota:
-Mi hermano me trajo la revista Rolling Stone en francés y cuando la vi, les dije a mi pololo y a mis hermanos “oye sé hablar francés” y todos se rieron. Y claro, yo no me acordaba que sabía francés.

LA VIDA ES FRÁGIL
La recuperación de la hija menor del matrimonio Álvarez- Compagnon, a la que le dicen Pelusa, iba en ascenso cuando en uno de los controles semanales el Dr. Jorge Barahona le pidió que se tomara una ecografía cardiaca y se descubrió un problema, esta vez al corazón.
Fue el cirujano cardiovascular  Michael Howard quien la operó. “Me hicieron la cirugía más moderna con la incisión debajo de la mama derecha. Entonces, en vez de una cicatriz a lo largo del esternón, que es como de 18 centímetros,  tengo una de apenas ocho”.
Nuevamente estuvo tres semanas hospitalizada y salió pesando 52 kilos. “Era impresionante lo flaca que estaba considerando que mido 1.72 metros”.
Así, Germaine en menos de tres meses vivió dos situaciones límite: tuvo un ataque cerebrovascular y la operaron del corazón.

¿Cómo viviste esta nueva cirugía?
Soy católica y pensé que si salí de la primera, si Dios quiso que estuviera acá de nuevo, tendría que soportar lo del corazón. También pensé que me pasó a mí porque quizás a alguien de mi familia le tenía que pasar y el de arriba sabía que yo lo podía resistir mejor. En todo caso, ¡sé que tengo un ángel!

¿Y cómo fue para tu familia?
Fue súper fuerte, de hecho me cuentan que por primera vez vieron llorar a mi papá. Ellos estuvieron muy afectados, y cuando salí de la clínica fueron un poco sobreprotectores. Estaban todos pendientes de mí, hasta que llegó un momento en que el Dr. Barahona les dijo que tenían que dejarme hacer una vida normal.
 
 ¿A qué atribuyes tu recuperación?
A que actuaron súper a tiempo conmigo y además a que recé mucho. Fue un milagro, salí tal cual entré, sólo más flaca. También me hizo salir adelante el apoyo permanente por parte de mi familia, pololo y amigos, y leer el libro que me hicieron, donde anotaban todo, incluido chistes y dedicatorias. Ver esa unión en torno a mí fue muy importante.

 ¿Qué significó esta experiencia?
Me di cuenta de que somos demasiado frágiles... Cuando pasan estas cosas uno aprende que en cualquier minuto a una persona le puede pasar algo, y que hay que vivir cautelosamente, pero al mismo tiempo disfrutar al máximo. Comprobé que no se tiene la vida comprada por mucho que uno sea joven, no fume, haga deporte y diga “no me va a pasar nunca nada”. Lo otro es que, aunque mucha gente te está apoyando en esos momentos, es uno el que tiene que salir adelante, tener la fuerza necesaria para volver a hacer una vida normal.